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Luz D Luna

Luz D Luna

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09/10/2026

Si le preguntas a un católico cuántos arcángeles tienen nombre en su tradición, te dirá que tres.

Miguel. Gabriel. Rafael.

Pero hay un libro antiguo en el que aparecen cuatro. Y el cuarto es el que casi nadie recuerda.

El lugar donde se le menciona está en una sección del Libro de Enoc llamada las Parábolas, que cuenta una de las escenas más serenas de toda la literatura apocalíptica. Enoc, arrebatado por un torbellino, es llevado hasta los confines del cielo. Allí ve las moradas de los justos, descansando bajo las alas del Señor de los Espíritus. Y ve algo más.

Una multitud.

Miles de miles. Diez mil veces diez mil. Un número que el texto renuncia a calcular. Todos de pie ante el Señor, todos cantando, y entre ellos los que el libro llama los que no duermen, que bendicen sin descanso con una frase que se repite como un latido: santo, santo, santo.

Y entonces la mirada de Enoc se detiene en cuatro de ellos.

Están en los cuatro lados del Señor de los Espíritus. Son diferentes de los demás. No cantan igual, no se mueven igual. Enoc no sabe quiénes son, y el ángel que lo acompaña, el mismo que lleva todo el viaje a su lado, se los presenta uno por uno.

Miguel, el misericordioso, el paciente.

Rafael, el que vigila sobre las enfermedades y las heridas de los hijos de los hombres.

Gabriel, el que tiene autoridad sobre todos los poderes.

Y el cuarto.

Fanuel, dice el texto. El encargado del arrepentimiento y de la esperanza de quienes heredarán la vida eterna.

Hay algo hermoso en cómo el libro ordena esos cuatro nombres. Misericordia. Sanación. Fuerza. Arrepentimiento. Un mapa completo de lo que un ser humano puede necesitar en sus peores momentos: que alguien tenga paciencia con él, que alguien lo cure, que alguien lo defienda y que alguien le abra la puerta para empezar de nuevo.

Y el texto no se detiene en las funciones. Cuenta lo que hace cada una de las cuatro voces.

La primera bendice al Señor de los Espíritus para siempre.

La segunda bendice al Elegido, esa figura misteriosa que ocupa el centro de todas las Parábolas y que más tarde alimentaría siglos de debates entre judíos y cristianos.

La tercera ruega.

Ruega e intercede por los que viven sobre la tierra. Suplica en nombre del Señor.

Y la cuarta voz hace algo que no se parece a nada de lo anterior.

Expulsa a los Satanes.

Lee bien esa palabra, porque el libro la usa en plural. No es el Satán único de las tradiciones posteriores, un rey de las tinieblas con trono propio. Son los acusadores. En hebreo, la palabra satán significa literalmente eso: el que acusa, el fiscal. En el libro de Job, Satán es un miembro de la corte celestial que se presenta ante Dios para señalar los defectos del hombre justo. En el libro de Zacarías, el sumo sacerdote Josué se presenta ante el ángel del Señor con ropas sucias, y a su lado está el acusador, de pie, dispuesto a hablar.

En la visión de Enoc, esos acusadores intentan acercarse al trono, y alguien se lo prohíbe.

Alguien les cierra el paso.

Y ese alguien es Fanuel.

El nombre merece una pausa. Fanuel viene de una palabra hebrea, Penuel, que significa «rostro de Dios». Y quien conozca el Génesis recordará de inmediato dónde aparece. Es el lugar donde Jacob, la noche antes de reencontrarse con el hermano al que había engañado, pasó horas luchando en la oscuridad con un desconocido. Al amanecer, herido en la cadera, exigió una bendición. Y cuando el combate terminó, llamó al lugar Penuel, porque había visto el rostro de Dios y seguía vivo.

Es difícil no oír el eco.

Un hombre que ha obrado mal y que, en lugar de huir, se queda a pelear con su culpa hasta el amanecer. Y que sale cojeando, pero bendecido.

El ángel del arrepentimiento lleva el nombre de esa noche.

Y aquí es donde empieza un misterio.

Porque Fanuel casi desapareció.

Las listas de arcángeles nunca se pusieron de acuerdo. En otro pasaje del mismo Libro de Enoc, los cuatro que ven la sangre derramada sobre la tierra son Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel. En otro capítulo hay siete arcángeles, con nombres como Raguel, Saraquael y Remiel. Los manuscritos de Qumrán, escritos por una comunidad que esperaba una gran guerra final, inscriben en sus escudos los nombres de Miguel, Gabriel, Sariel y Rafael. El libro de Tobías habla de siete ángeles que están de pie ante la gloria del Señor. Y la tradición rabínica posterior coloca cuatro alrededor del trono: Miguel a la derecha, Gabriel a la izquierda, Uriel al frente y Rafael detrás.

Cada comunidad dibujó su propia corte celestial.

Y con el tiempo, las listas se fueron reduciendo.

En el año 745, un sínodo reunido en Roma condenó a un predicador llamado Adalberto, que invocaba en sus oraciones a ángeles con nombres que no figuraban en las Escrituras aceptadas. Entre ellos estaba Uriel. Desde entonces, la Iglesia de occidente se quedó con tres nombres. Miguel, Gabriel y Rafael.

Fanuel ni siquiera llegó a ser discutido. Su nombre solo aparece en las Parábolas de Enoc, la única sección del libro que no se ha encontrado entre los fragmentos de Qumrán. Los especialistas debaten desde hace décadas cuándo se escribió. La mayoría la sitúa hacia el siglo I antes o después de Cristo. Otros, más tarde.

Pero hubo un lugar donde Fanuel no se perdió. En la tradición etíope, que guardó el Libro de Enoc entero durante siglos mientras el resto del mundo lo olvidaba, el nombre sigue presente. Como si el cielo, al borrarse en una parte del mundo, hubiera conservado su cuarta silla en otra.

Me quedo pensando en eso.

De los cuatro que están junto al trono, el que desapareció es justo el que se encarga de la segunda oportunidad.

Quizá no sea casualidad. Hay algo incómodo en la idea de un ángel cuya tarea es defender a los humanos de quienes los acusan. Y quizá resultaba más cómodo no mencionarlo. Porque si existe alguien cuya función es impedir que los acusadores lleguen al trono, entonces la acusación no es la última palabra. Y esa idea, en ciertos siglos y en ciertas manos, no convenía.

Pero el libro sigue ahí.

Y en el momento en que Enoc se acerca al final de su viaje, cuando contempla por última vez la casa del Señor, vuelve a verlos. Los cuatro salen juntos, con muchos otros ángeles sin número. Miguel. Rafael. Gabriel. Fanuel.

Cuatro nombres. Cuatro formas de decir lo mismo.

Que mientras los acusadores buscan el camino hacia el trono, hay alguien en pie, con el rostro ante Dios, cerrándoles el paso.

Fuentes

1 Enoc 9, 20, 39-40 y 71 (Libro de las Parábolas y Libro de los Vigilantes).
Génesis 32:22-32 (Jacob en Penuel).
Job 1-2; Zacarías 3:1-2.
Libro de Tobías 12:15.
Rollo de la Guerra (1QM), Qumrán.
Números Rabá 2:10 (los cuatro ángeles alrededor del trono).
Sínodo de Roma del año 745 (condena de las doctrinas de Adalberto).
George W. E. Nickelsburg y James C. VanderKam, 1 Enoch 2: A Commentary on the Book of 1 Enoch, Chapters 37-82, Fortress Press, 2012.
Gabriele Boccaccini (ed.), Enoch and the Messiah Son of Man: Revisiting the Book of Parables, Eerdmans, 2007.
Gustav Davidson, A Dictionary of Angels, Free Press, 1967.

02/10/2026

LAS CUATRO JÍCARAS DE MI ABUELO
Raza, miren bien esta foto que les tomé. Cuatro apastes de barro, con agua y bugambilias.

Muchos van a decir "ay qué bonito, agua de flores". Pero esto, en mi casa, tiene una historia que mi abuelo nunca quiso contar completa.

Dice mi abuelo que en su tiempo, cuando alguien sentía que la casa estaba pesada, que había envidias, que los niños lloraban mucho en la noche, su mamá hacía esto.

En la tarde, antes de que se metiera el sol, ponía cuatro jícaras de barro con agua limpia en el patio. Y le echaba flores de bugambilia morada. La más bonita, la que duele al cortarla.

Y decía: "Una es para el que viene, otra para el que se fue, otra para el que nos cuida, y otra para el que nos quiere hacer daño".

Y las dejaba toda la noche afuera, bajo la luna.

Dice mi abuelo que no las puedes tocar. Que no las puedes mover. Solo dejarlas.

Y al otro día en la mañana, ibas a verlas.

Y ahí estaba el suspenso, familia. Porque según cómo amanecieran las flores, sabías qué había pasado en tu casa en la noche.

Si las cuatro amanecían igual, bonitas, flotando, era que todo estaba bien. Que la casa estaba limpia.

Pero si una amanecía con el agua turbia... o con las flores hundidas... o volteadas al revés... era que alguien había venido en la noche.

Mi abuelo me contó que una vez, su mamá puso las cuatro jícaras, como en la foto. Y al otro día, tres estaban bien. Claritas. Pero una, la de la esquina, la que está más chiquita, amaneció con el agua negra. Negra, negra, y con todas las flores hundidas hasta el fondo, como si alguien las hubiera sumido con la mano.

Ese mismo día, en la tarde, llegó la noticia de que su hermano había tenido un accidente en el cerro. Y nunca regresó.

Desde entonces, mi abuelo dice que nunca más quiso poner las cuatro jícaras. Porque dice que esa agua no es para adornar. Es para que los que ya no están, vengan a tomar agua. Y cuando toman agua, las flores se mueven solas.

Ayer yo hice lo mismo. Puse las cuatro, como ven en la foto. Y las dejé toda la noche.

Hoy en la mañana las fui a ver...

Y solo tres tenían las flores arriba.

Una no.

No les voy a decir cuál es.

Ustedes qué creen que pasó? ¿Ustedes dejarían cuatro jícaras con agua y bugambilias toda la noche en su patio, sabiendo que algo puede venir a tomar de ellas? 🥶🤔✍️

20/09/2026
07/09/2026

EL EXTRAÑO CÓDIGO DEL SER DE LUZ
Mira detenidamente esta imagen.
No observes solamente al extraño ser.
Observa lo que está escrito alrededor de él.
Símbolos que parecen pertenecer a un idioma que no conocemos rodean la cabeza de una entidad de enormes ojos, mientras una poderosa energía parece salir de su cuerpo.
Pero hay algo todavía más inquietante.
Entre aquellos caracteres desconocidos aparecen frases perfectamente comprensibles:
“Energía creadora no divide… unifica.”
En su frente aparece una estrella luminosa.
Otra se encuentra exactamente sobre su pecho.
Y alrededor de su cuello aparecen diferentes esferas de colores, como si representaran distintos niveles de energía o conciencia.
Entonces aparecen las manos.
Una apunta hacia arriba.
La otra hacia abajo.
Como si el ser estuviera transmitiendo algo desde su mente, pasando por su corazón, hasta proyectarlo finalmente hacia el mundo.
Pero alrededor aparecen los verdaderos protagonistas del misterio:
extraños glifos.
Buscamos paralelos con diferentes formas de escritura y encontramos algo sorprendente.
No parecen corresponder claramente a un alfabeto antiguo conocido.
Sin embargo, existen artistas que producen algo denominado escritura asémica: símbolos semejantes a alfabetos desconocidos cuyo significado puede ser visual, intuitivo o personal. �
asemic.net +1
Y existe algo todavía más extraño.
Dentro de algunas corrientes espirituales contemporáneas encontramos el llamado “Lenguaje de Luz”.
Personas que practican esta corriente aseguran escribir espontáneamente símbolos que consideran mensajes canalizados. La ciencia no ha demostrado que semejantes escrituras procedan de inteligencias extraterrestres, pero el parecido conceptual resulta intrigante. �
lightlanguageart.com +1
Ahora vuelve a mirar la imagen.
En la parte inferior Diego Rodríguez escribió:
“Usa tu virtud creadora. SER LUZ.”
Y debajo de todo aparecen tres palabras:
AMOR.
GRATITUD.
UNIÓN.
Quizás ahí se encuentre la verdadera clave.
Porque el dibujo comienza diciendo que la energía creadora UNIFICA...
y termina nuevamente hablando de UNIÓN.
¿Coincidencia?
¿Una obra artística cargada de simbolismo?
¿Escritura automática?
¿O estamos contemplando la representación personal de un mensaje que su autor considera proveniente de otro nivel de conciencia?
Tal vez el mayor misterio no sea descubrir qué dicen esos símbolos.
Tal vez primero deberíamos preguntarnos...
¿de dónde afirma Diego Rodríguez que surgieron?
🛸 Somos LOS VISITANTES. Dale like, síguenos y comparte. Porque algunas veces el mensaje puede estar frente a nuestros ojos… y todavía no conocemos el lenguaje para leerlo.

03/09/2026

✨🌿SANANDO EL CUERPO
CON HIERBAS SABIAS 🌿✨

Nuestra madre tierra es muy generosa, te dejo unos tips de sanción natural 🍃❤️

Si tenemos azúcar alta o necesitamos quemar grasa o botar flemas tomaremos: TORONJIL CUYANO

Si la bajada de la luna nos pone muy sensibles, nos duele el útero tomaremos: CHILKO

Si nuestro hígado está graso o necesita limpiarse tomaremos: BOLDO

Si en nuestro útero aparecen miomas, si nuestros ovarios producen quistes tomaremos: HOJAS DE FRAMBUESO

Si nuestra vegija se resiente y nos da infección urinaria o cistitis tomaremos:
PINGO PINGO, MANZANILLA, SALVIA

Si nuestro ánimo anda por el suelo y necesitamos un empujoncito tomaremos : HIERBA DE SAN JUAN

Si nos sube la presión tomaremos: OLIVO

Si nuestra sangre necesita nutrirse tomaremos: ORTIGA

Si queremos ser más fértiles tomaremos: SALVIA

Si queremos disminuir dolor o heridas usaremos RUDA.

Si nuestro colon se irrita tomaremos: DIENTE DE LEÓN

Si necesitamos regular nuestros ciclos menstruales tomaremos: ARTEMISA

Y ASI ..vamos conociendo nuestro cuerpo y nos vamos apañando con la naturaleza
ser yerbatera es un don hermoso y sagrado que honra a nuestra madre.
Quien conoce y sabe sanar el alma, sana el cuerpo físico con amor 💕

Gracias medicinas con plantas sagradas!

Tlallipahtli

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